La Tarea es no generalizar- Verónica Villarroel

La directora del CIME se refirió a las crítica y diversas opiniones que apoderados entregan a colegios por enviar tareas al hogar.

 

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Verónica Villarroel H., PhD.
Directora Centro de Investigación y Mejoramiento de la Educación (CIME)
Facultad de Psicología-Universidad del Desarrollo

 

La frase “tarea es sin tarea” aparece permanentemente en las redes sociales, sumando  fans y críticas al sistema escolar. Antes de dar un “like” a este movimiento, quisiera invitarlos a examinar sólo algunos puntos.

Cuando se habla del “sin tareas”…

1.- ¿Importa el nivel que cursa el alumno (primer ciclo básico, segundo ciclo básico, enseñanza media)? ¿No queremos que en ningún nivel se entreguen tareas?

2.- ¿Importa la duración de la tarea? Es decir, una tarea de 30 minutos al día, una de 1 hora,  2 horas, 4 horas, ¿es lo mismo? ¿No queremos ningún tipo de tarea, independiente de cuánto tiempo le demande al estudiante realizarla?

3.- ¿Importa la jornada escolar del alumno? Si los estudiantes salen del colegio poco más allá del medio día, o si lo hacen en la tarde. ¿En los dos casos, optamos por no darles tarea?

4.- ¿Importa la calidad y pertinencia de la tarea? Si la tarea es significativa y promueve el aprendizaje, ¿tampoco queremos que los alumnos la resuelvan?

5.- ¿Importa si el alumno está en condiciones de hacer la tarea de manera autónoma o si requiere de los padres, o de insumos que no tiene, para hacerla? Si el niño/a puede hacer la tarea sin ayuda y sin materiales extra, ¿tampoco queremos que el profesor le entregue la tarea?

Creo que demonizar la “tarea” como tal, sin hacernos estas preguntas puede llevarnos a tomar una mala decisión. Una tarea no es mala, si está bien conceptualizada según: la edad del niño, el tiempo que lleva resolverla, cuán pertinente y significativa es en términos de aprendizaje, y si es una tarea para el alumno y no para los padres. Una tarea que exija 30 minutos al día para niños de primer ciclo básico, 1 hora para el segundo ciclo y menos de 2 horas en enseñanza media, parece perfectamente adecuada. Más aun cuándo refuerza aprendizajes que necesitan consolidarse fuera del colegio, como es memorizar una tabla de multiplicar, leer el capítulo de un libro o preparar 10 palabras de un dictado, en los primeros años.

Lo importante es cuestionarnos, por un lado, acerca de la pertinencia y utilidad de la tarea. ¿Aprende el niño/a algo al resolverla? ¿Refuerza lo aprendido en clases? ¿Desarrolla habilidades que no tenía? ¿Le entrega un valor agregado realizarla?. Por otro lado, es necesario analizar su objetivo. Las tareas también tienen el sentido de desarrollar la responsabilidad y autonomía de los estudiantes. Ellos deben revisar su agenda, identificar las tareas, hacerlas y ordenar su mochila con lo que se requiere para el otro día. El tiempo que demora en esto debe estar acorde con la edad del niño y su jornada escolar.

Mi hijo cursa tercero básico. Sus tareas cumplen con los parámetros antes señalados: no duran más de 30 minutos, refuerzan aprendizajes que deben ser consolidados en casa y le permiten desarrollar su responsabilidad  ¿Le gusta a mi hijo hacerlas? No, nunca le ha gustado hacer tareas y, muchas veces, eso se transforma en un problema porque debe realizarlas. Pero, tampoco le gusta ordenar su pieza o lavarse los dientes, por lo que también discutimos. A veces, debo vigilarlo para que lo haga bien, sino sus dientes siguen sucios o su pieza desordenada. También lo hago con sus tareas. Pero no espero que esto sea toda la vida, sí en sus primeros años escolares. Esto permitirá reforzar el hábito de hacer tareas y lavarse los dientes, pero también su responsabilidad y autonomía.

Entonces, no es tan simple decir: “me gusta” o “no me gusta” el movimiento de “la tarea es sin tarea”. Como psicóloga educacional, estoy de acuerdo con las tareas entregadas con criterio pedagógico: adecuadas a la edad del niño y su aprendizaje, cortas, significativas y que sean resueltas durante la semana escolar.

 

 

 

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