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#Opinión- Educación Remota: Una oportunidad en medio de la crisis

Hoy día, más que nunca, tenemos la convicción que lo único permanente es el cambio. Lo que vivíamos como cotidiano, actualmente es una excepción. Aquello que nos parecía sacado de una película futurista se ha vuelto parte de nuestra realidad. El teletrabajo, la telemedicina, la tele-educación, inauguradas masivamente el 2020, llegaron para quedarse. Debido a la pandemia y la necesidad de distanciamiento social, se han abierto posibilidades impensadas para procesos educativos remotos, de los que hemos tenido que aprender sobre la marcha. Este cambio ha puesto de manifiesto la necesidad de transformar nuestra forma de enseñar y evaluar, buscando el protagonismo y compromiso de quién aprende.

Durante décadas, se han intentado instalar prácticas pedagógicas constructivistas en las aulas, centradas en el estudiante y que promuevan la construcción del saber. Sin embargo, el exceso de contenidos de las asignaturas, los cursos numerosos, la cantidad de evaluaciones calendarizadas, la familiaridad de los/las estudiantes con las clases expositivas, conspiraban para mantener una docencia tradicional.

La pandemia nos sacó del piloto automático. Las presentaciones eternas con muchas láminas de PowerPoint, los monólogos docentes, las evaluaciones textuales y los aprendizajes memorísticos, no son factibles en este formato online. Estamos interpelados a concentrarnos en lo importante: ¿qué aprendizajes son nucleares? ¿cuáles de ellos están vinculados a los perfiles de egreso? ¿cuáles no pueden ser alcanzados de manera autónoma, sin la guía del docente? Sobre estos aprendizajes fundamentales se deben concentrar los apoyos y la mediación del profesor/a en la enseñanza remota.

Nos hemos visto obligados a repensar nuestras prácticas e interacciones con los/las estudiantes. En la “no presencialidad”, el vínculo profesor-alumno/a se ha vuelto indispensable, como también lo ha sido proveer experiencias de trabajo colaborativo entre pares. Aprender junto a otros ha sido una forma de resolver problemas investigando, preguntando, dialogando y construyendo una comunidad de aprendizaje.

Por otro lado, la evaluación como calificación ha perdido todo su sentido. En cambio, la evaluación formativa y la auténtica se han convertido en las modalidades más efectivas de evaluación para el aprendizaje. La finalidad es que los/las estudiantes se enfrenten a experiencias desafiantes, realistas y situadas, utilicen habilidades de alto orden, se vean demandados a crear algo nuevo y no se limiten a reproducir información.

La pandemia nos sacudió, en todo orden de cosas. Este remezón nos puede ayudar a retomar la vida, centrándonos en lo importante. Si lo hacemos bien, la educación online puede darnos la oportunidad de “sincronizar” nuestras metodologías docentes con esta nueva década.

Verónica Villarroel Henríquez

Directora Centro de Investigación y Mejoramiento de la Educación,
Profesora Magíster en Psicología Educacional (MPE)
Facultad de Psicología