Investigador Jaime Silva participó en simposio sobre neurociencia y conductas alimentarias

El congreso permitió a diversos profesionales y expertos del área de la psiquiatría y psicología reflexionar sobre esta materia, en términos teóricos, clínicos, éticos y terapéuticos.

Santiago.- El investigador de nuestra Facultad, Jaime Silva, participó en el simposio llamado “Actualización en el aporte de corteza refrontal en la comprensión clínica y terapeútica psiquiátrica”, actividad realizada en el marco del 1er Congreso Nacional de Reflexión y Crítica, organizado por la Sociedad Chilena para el Desarrollo de la Psiquiatría (SODEPSI).

La exposición del investigador llevó por nombre “Corteza prefrontal y conducta alimentaria: De la obesidad a los desórdenes alimentarios”, oportunidad donde describió algunos estudios experimentales y de campo desarrollados por su grupo de investigación, los cuales les han permitido llevar a cabo esta aproximación.

“Este congreso se trata de una instancia académica relevante, pues es el primer congreso organizada por la SODEPSI, una sociedad independiente de la industria farmacéutica. En este sentido, se ha enfatizado en la exposición de temáticas emergentes, de representantes nacionales relevantes y que son un aporte para la práctica de la psiquiatría y profesiones afines”, señaló el investigador.

Los estudios

En la ocasión el Doctor en Psicobiología, Jaime Silva, explicó que existen determinados patrones psicopatológicos que originan trastornos en la conducta alimentaria, como es la restricción y sobre ingesta, fenómenos que son condición inicial para la formación de estados médicos como la obesidad y el sobrepeso.

El marco que estudia los trastornos alimentarios propuesto por el equipo de Silva, deriva principalmente de la neurociencia afectiva, en la cual se aluden los llamados sistemas motivacionales.

“La neurociencia afectiva ha permitido el desarrollo de nuevas formas de entender la psicopatología. En particular, los desórdenes alimentarios y la obesidad pueden entenderse como casos donde existe una desregulación de conductas alimentarias asociadas a la modulación emocional. En ese contexto, la corteza prefrontal y los sistemas motivacionales juegan un rol al conformar estilos afectivos vulnerables”, aclaró.

Una de las ideas centrales planteadas por el investigador, dice que en el encéfalo existe una jerarquía del control o modulación. “Esta organización jerárquica es de causalidad circular, pues genera en el encéfalo procesos terciarios que dependen de los primarios para ejercer su función, pero a su vez modular o regulan estos procesos” afirma el psicólogo.

Aproximación y evitación

Además, Silva explicó que en la forma que se adquiere la modulación -desde el punto de vista del contenido- existen diferencias en el hemisferio derecho e izquierdo que están representadas asimétricamente en la corteza prefrontal, las cuales tienen que ver los sistemas motivacionales.

En ese sentido, hay dos maneras distintas de apreciar la realidad y modular el comportamiento. Una forma es mediante el sistema de aproximación, que regula el comportamiento y está dirigido hacia un objetivo o meta, y otra es a través del sistema de evitación, que organiza la conducta que aleja las fuentes de estímulos.

“Las variaciones en la actividad de la corteza prefrontal, conforman diferencias en la modulación y regulación, sin embargo, la expresión superficial que esa modulación adquiere, depende también de factores socioculturales que le dan forma final a los problemas psicopatológicos” aclaró Jaime.

En este contexto, los especialistas desarrollaron un modelo de tres niveles para los desórdenes alimentarios. Un primer nivel de la simetría de los sistemas motivacionales, basado en la idea de la corteza prefrontal. Un segundo donde aparece la conducta alimentaria como un estilo o una forma de regulación emocional y que está mediado a los factores socioculturales. Y un tercero, que sería la expresión del síndrome que estaría relacionado con las formas de regulación en el contexto de estrés intenso o crónico.

Estas conductas -que tienen como sentido la modulación afectiva- generan los tres síndromes conocidos que son la restricción (anorexia), de compensación o purga (bulimia) o de sobrealimentación pura (trastorno por atracón).

Finalmente el experto enfatizó que la importancia derivada de la línea de investigación radica en “mostrar cómo la sensibilidad al estrés es la clave para la generación de la desregulación de la alimentación”.

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